viernes, 26 de octubre de 2007

EpC: si creías que no podía ser peor...

A pesar de que se intenta en este blog hablar sobre otra cosa, el grado de surrealismo y estupidez que están alcanzando las informaciones sobre EpC provocan nuevas reflexiones. Estamos ante una situación kafkiana, es decir, se ha mundanizado el absurdo hasta tal punto que la realidad se ha transformado en una pesadilla. Y todo por la más abyecta incompetencia política. Incompetencia porque la educación no puede ser cuestión de políticos, en general iletrados o en cualquier caso enfermos de su propia codicia. Abyecta porque se amparan en su condición de representantes públicos, practicando disputas ridículas que no conducen sino a una crispación que polariza a la opinión pública y arrastra a la irracionalidad por encima de cualquier posibilidad de debate o diálogo constructivo.

La democracia en la que vivimos se ampara en la descalificación y la vanagloria, en atribuir al otro ineptitud absoluta y a sí mismo la excelencia absoluta. Es decir, no existe un propósito más allá de la conservación o la apropiación del poder, por lo que no existe el interés público como tal. Nuestra democracia es como un patio de colegio, literalmente: infantil, acusica y cobarde. Dado esto, y teniendo en cuenta que los políticos son modelos públicos, aunque sea sólo porque salen mucho en la televisión, -por desgracia-, cabe preguntarse qué debemos enseñar a los alumnos desde las aulas, en especial desde las ya agonizantes Ética y Filosofía. Tratar de transmitir la necesidad de someter a crítica todo argumento desde el tribunal de la razón, cuando sólo cunde la sinrazón de los poderes es una contradicción absoluta que da muestra del ímprobo esfuerzo que se hace en las escuelas por educar, o algo parecido.

En algún momento se ha dicho desde este blog que la educación para la ciudadanía, adecuadamente entendida, era sinónimo de filosofía, y, en realidad, de democracia. Creo que el trinomio se puede mantener teóricamente, pero estaba hecho desde el pensamiento racional, no desde la estupidez más vil. Nada de aquello tenía importancia real, al fin y al cabo, ¿quién nos lee?

La realidad se impone como el Juggernaut que todo lo aplasta. El caso es que lo mayúsculo del despropósito reside en la insignificancia empírica de la EpC, estamos hablando de una, a lo sumo dos, horas por semana. Los alumnos tienen unas 35 horas lectivas a la semana, y una materia de dos horas es percibida por ellos como un pequeño paréntesis entre otras con más peso, en especial la(s) Lengua(s) o la(s) matemática(s). ¿Qué es para un niño dar una hora a la semana de EpC? Se puede imaginar. ¿Acaso aún no hemos advertido que la enseñanza es solo el tiempo entre los recreos? Temporalizar la materia de ese modo ya muestra su carácter absurdo y cadavérico, un finado grotesco y ridículo además, pintarrajeado con los cuatro tópicos caricaturescos, y encima falsos, que es capaz de transmitir nuestra pútrida sociedad.

El PP en la Comunidad Valenciana ha lanzado el órdago: enseñanza en inglés, respeto escrupuloso de la ley, completa oposición a la materia y respeto total a la voluntad de los padres.
La "voluntad de los padres" se ha convertido en un concepto tan sagrado que hasta Schopenhauer o Nietzsche temblarían ante su poder. Señores padres, les sugiero que ejerzan esa voluntad, indiquen al profesor de matemáticas que es su voluntad que 2+2 sea 5, que al principio de frase se escribe con minúscula, que la capital de Francia es Madrid o que el azúcar es lo mejor para la salud de los críos. De este modo nunca suspenderán sus hijos, nunca se equivocarán, ni errarán ni sufrirán el despreciable menosprecio a los que los profesores someten a sus alumnos porque les tienen manía. El decisionismo, el voluntarismo y la teología han entrado en las aulas para instalarse. Es la Voluntad de los padres.

Completa oposición a la materia ya que es sólo competencia de la escuela instruir en el conocimiento, mientras que es propio de las familias instruir en los valores. Si alguno de los que lee ha cometido el gran error de estudiar filosofía, sabrá que la contraposición entre juicios de hecho y de valor hace tiempo que está en crisis, pero es que ni el propio Hume habría defendido una alternativa tan radical como para aplicar esta división a la escuela. La dichosa EpC trata sobre: Derechos Humanos, Democracia y Ciudadanía responsable. Pero los padres puede, deben sin duda ejercer su voluntad: a ellos compete decidir qué es un derecho, qué es la democracia y qué es ser ciudadano. Luego no importa que se defeque en la calle, o que se insulte al primer imbécil que a cada cual le parezca, o que se exija un el derecho a internet, o al móvil o a que se diga sin tapujos (ya es hora) que los homosexuales son maricones, o que las mujeres son todas unas fulanas o que los negros son inferiores. Recuerden: la voluntad de los padres ya les hace poseedores de facto de todos los conceptos necesarios para hacer comprender al niño las simples cuestiones de nuestra sociedad, que se basa en la tolerancia, el respeto y la solidaridad, en la competencia, el provecho y el éxito, cosa en absoluto contradictoria, dado que se trata de aparentar una cosa, hijo mío, y hacer la otra. Esa es la naturaleza de la sociedad en la que vivimos, tan abyecta e inmoral que por fin se revela como una pura fachada para justificar los actos de poder, opresión y dominio sobre los demás. Para qué hacer pensar sobre la complejidad de nuestro mundo. En realidad los niños no lo necesitan, porque eso solo puede conducir a la melancolía, o a la náusea. Los padres son los superhombres nietzscheanos que construyen una nueva moral desde su voluntad enfervorecida.

El respeto escrupuloso de la ley es otra maravilla que muestra lo kafkiano de nuestro mundo. Kafka es el filósofo de nuestra sociedad, su pensador más virtuoso. El respeto a la ley sobre educación implica que se anule su capacidad formativa. De ese modo se puede convertir a la contradicción en algo posible, a la falacia en la verdad.

Y por si fuera poco, como si del no puede ser peor se dijera, alguien ha pensado que la materia debía impartirse en inglés. Como el colofón de una tragedia, algo que es en realidad deseable e incluso puede que útil (que los futuros camareros y taxistas de los extranjeros puedan hablar con los verdaderos ciudadanos en el idioma del imperio); se transforma, por su formulación misma, en un despropósito, en una imposibilidad definitiva que termina de fagocitar a la indefensa cría desde su nacimiento. Pero ¿quién, en nombre de todos los dioses, va a impartir esa materia en inglés? Si son los filósofos o historiadores, éstos carecen de formación general en ese idioma. (Lo que digo es algo tan evidente y manifiesto que da vergüenza escribirlo, y también leerlo, lo sé). ¿Se va a formar a todo el profesorado para que adquiera el First, el Proficiency o el título necesario que habilite para dar clase en inglés? ¿Quién va a pagar la formación? ¿Les recuerdo que no hay dinero para construir nuevos institutos; que hay centros con barracones, o enteramente de barracones (que por definición son provisionales), desde su inauguración; que en Alicante no ha habido profesorado de inglés para el primer ciclo de secundaria porque faltaban profesores; que no se cubren las bajas de menos de dos semanas (10 días lectivos, unas 350 horas) porque no se puede pagar tanto profesorado; que no hay aulas de informática adecuadamente acondicionadas; que no hay directamente aulas para impartir todas las clases (yo he llegado a dar clase en el despacho de dirección porque no había otro sitio, y se sigue haciendo); que los centros de más de veinte años tienen goteras, o falta iluminación, o no puede disponer de los mínimos medios para que la educación se aproxime, siquiera lejanamente, a algo de calidad? Solo hay que preguntar un poco al profesorado cómo le van las cosas: ¡atrévanse! La situación en la Comunidad Valenciana es tan buena que ya he escuchado a varios profesores pensando seriamente emigrar a otras comunidades. Pero nada de eso importa, la EpC en inglés es una propuesta tan esperpéntica y quimérica que no me extrañaría que saliese adelante.

Quisiera comentar cómo la inefable SFRM ha defendido al PP esperando de él la salvación a la muy tocada materia de filosofía, tal y como fue concebida por el PSOE. Cómo hubo una oportunidad para reformar el temario de Filosofía que, como es reconocido, es tan vetusto y ajeno al alumnado que se ha convertido en aprender a hacer tres comentarios de Platón, Descartes y Nietzsche (llamados respectivamente: La Teoría de las Ideas, La Duda Metódica y la Voluntad de Poder) y nada más en absoluto, porque no hay tiempo ni ganas. La necesaria reforma nos ha dejado en el erial del intelecto, porque estaba en manos de Alcibíades y Calicles -qué va, estos aún tenían talla intelectual-, de Ánitos y Melitos más bien. Pero ya he perdido definitivamente las ganas de hablar de esto. EpC es un fraude educativo, una estupidez, un despropósito y una maría nunca antes vista. Sólo la Alternativa a la Religión, de la que no se quiere hablar, es algo peor (mejor callar, silencio, EpC podría aún no ser evaluable, silencio). O sea, que aún podría ser peor…

PD Esto me lleva a pensar que aún cabe una posibilidad para resucitar al muerto, o para matarlo por fin: suspender a todo el alumnado de EpC, provocar alguna reacción. Vaya pensando quién tenga que impartirla, vaya pensando.

A.M.S.

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