viernes, 26 de octubre de 2007

Otra entrevista a C. Fernández Liria

Otra entrevista a Carlos Fernández Liria

Acompaño el post anterior con un enlace a otra entrevista publicada el 26 de agosto de 2006 también interesante y de mayor calado en la revista digital Youkali (ambas seguramente poco conocidas). Incluyo una selección de algunas partes de interés, como acicate para una lectura completa[1]:

«El capitalismo es una cárcel estructural que deja muy poco espacio a la instancia política: la instancia política está siempre teniendo que ir a rastras de las necesidades vertiginosas, de los retos y desafíos, de las necesidades estructurales, del ritmo imparable de la economía. La instancia política va siempre a remolque y prácticamente no tiene ni tiempo de deliberar ni tiene espacio de movimiento suficiente para intervenir en el espacio económico, por lo que si el capitalismo es un sistema económico políticamente nefasto es porque la política tiene muy pocas posibilidades en él.»

«Yo me he inclinado a entender que el socialismo sea una consistencia económica, una consistencia “física”, distinta al capitalismo, capaz de dejar un gran margen de actuación a la política.»

«El último recurso del capitalismo para salvar el capitalismo resulta ser la política y, por tanto, un cierto socialismo.»

«El reino de la política comienza con el socialismo.»

«El socialismo es, sencillamente, una condición sine qua non para que haya soluciones en este mundo. Porque el problema es que el capitalismo es, al contrario, ese estado de la humanidad en el que el problema y la solución son la misma cosa […]»

«No se entiende que nueve millones de votantes del PP, por ejemplo, hayan votado a un partido que apoyó invadir Irak porque tenía armas de destrucción masiva y que, ahora que se sabe que no las tenía y que además se sabe que siempre se supo que no las tenía y que, por lo tanto, se mintió, esos nueve millones de votantes vayan a seguir votando al PP.»

«Tenemos las manos manchadas de sangre cuando llamamos por el móvil, cuando nuestro hijo juega con la videoconsola.»

«Los únicos intelectuales que dieron con la clave han sido los curas de la teología de la liberación, porque el concepto de “pecado estructural” es el concepto más interesante que ha parido el siglo XX en el terreno de la razón práctica, en el terreno de la ética.»

«[…] el terrorismo estructural –y su correlato, que es la tranquilidad de conciencia, la enigmática tranquilidad de conciencia frente a los crímenes estructurales-»

el link es: http://www.youkali.net/,

pero se puede acceder también desde:

http://tallerv.contrarios.org/?p=71


[1] En contra de lo que el mismo Fernández Liria afirma, no acaban leyéndonos siempre los mismos, el conocimiento se difunde más o menos rápido, pero de forma siempre creciente.

Entrevista a Carlos Fernández Liria, coautor del libro "Educación para la ciudadanía"

liria

“El edificio entero de la enseñanza pública se está desmoronando”

Borja Villa

Diagonal
En los últimos tiempos, pocos libros han causado el revuelo mediático que ha provocado Educación para la ciudadanía. El libro, precedente de un manual de texto que los mismos autores (Luis Alegre, Carlos y Pedro Fernández Liria) están escribiendo, ha sido utilizado por la extrema derecha como arma arrojadiza en el debate sobre la nueva asignatura. Tampoco ha sido del gusto de algunos defensores de la asignatura, que han visto en su reivindicación anticapitalista del concepto de ‘ciudadanía’ una muestra de “sectarismo ideológico”. DIAGONAL entrevista a uno de sus autores.


DIAGONAL: Si se compara vuestro libro con los manuales publicados para la asignatura, el vuestro tiene mucho menos ‘buen rollito’. No se discute si hay que ser tolerante o no, y de un modo mucho más académico aparecen argumentaciones de Platón o Kant. ¿Cómo te explicas que se haya podido ver en vuestro libro un “manual de Zapatero”?

CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA: La vacuidad de los manuales preparados para la asignatura es insólita. Uno no sale de su asombro al comprobar que pueden tirarse temas enteros explicando a “los chavales” (a quienes tratan como infrapárvulos) que los buenos amigos son buenos, y conviene tenerlos, y los malos amigos son malos, y conviene evitarlos (porque son malas amistades); o que los países ricos son ricos porque les ha ido bien el negocio y los pobres son pobres porque les ha ido mal. Además, basta mirar el currículo oficial diseñado para la asignatura para comprobar que no pretende ir mucho más allá de eso y no tiene ninguna intención de abordar la cuestión de la ciudadanía basándose en Platón, Kant o Marx, o sea, en las mayores cabezas que a lo largo de la historia se han dedicado a pensar el asunto (y que no se dedican a decir memeces). Nuestra intención era escribir un texto de filosofía, no de ‘buen rollito’, y, por lo tanto, tomarnos muy en serio las razones de Platón, Kant o Marx. Si se ha presentado como el “manual de Zapatero” ha sido por una cuestión puramente propagandística: a la derecha mediática le venía bien contar la mentira de que la argumentación que defendemos, de carácter esencialmente marxista, era lo que realmente se ocultaba tras la asignatura, y así intentar presentar a Zapatero como un radical de extrema izquierda.


D.: Cuando se anunció el proyecto del Gobierno de sustituir la asignatura de Filosofía en 1º de Bachillerato por Educación para la Ciudadanía, participaste en el movimiento de protesta contra este cambio. ¿Cuáles eran entonces tus razones para oponerte a esta reforma? ¿En qué consistía para ti una oposición de izquierdas a esta asignatura?
C.F.L.: Nos opusimos a esa sustitución porque esta asignatura carecía por completo de perfil académico o científico. Esto es algo muy peligroso y un síntoma inequívoco del estado de ruina al que pretenden llevar a la educación: si los perfiles científicos de las asignaturas tienden a disolverse es porque el edificio entero de la enseñanza pública se está desmoronando, siendo cada vez más sustituido por una especie de asistencia social en la que predominan los pedagogos y los psicólogos (en su momento predominarán los policías). Sustituir los contenidos disciplinares por el ‘buen rollito’, como decías antes, es un atentado contra el sistema se instrucción pública que no se puede consentir. Aquellas manifestaciones a las que te refieres fueron acusadas de corporativismo, como si se tratase de una pelea de los profesores de filosofía por sus puestos de trabajo. Sin embargo, creo que se trataba más bien de una movilización ciudadana en defensa del derecho a la enseñanza de contenidos disciplinares frente al adoctrinamiento en valores, por muy progresistas que sean.

D.: Vuestro libro reivindica como irrenunciables cosas tan ilustradas como el Estado de derecho, la división de poderes o la misma ciudadanía. ¿Cómo te sitúas frente a esta tradición?

C.F.L.: La tradición marxista cometió un gran error al caer en la trampa que le tendió la ideología liberal. Ésta siempre ha hecho los mayores esfuerzos por sostener que el derecho, la ciudadanía, etc. y el capitalismo van siempre tan indisolublemente unidos que, en el fondo, cabe decir que son lo mismo. Si picas ese anzuelo te encuentras con que, para atacar el capitalismo, tienes al mismo tiempo que rechazar todas esas exigencias de la razón que localizó la mejor tradición ilustrada, con lo cual se abre la puerta a los mayores disparates teóricos y a los peores despropósitos políticos. Lo que nosotros tratamos de defender es que el derecho se halla necesariamente secuestrado por el capitalismo y que, por lo tanto, resulta imposible realizar el primero sin desactivar antes el segundo. Creo que hace falta tener esto claro para no volver a cometer los errores de los que deberíamos haber ya escarmentado.

D.: Posiciones anticapitalistas señalan que en los países ricos no tiene sentido hablar de ciudadanía sino de ‘multitudes’. ¿Los movimientos políticos pueden seguir articulados sobre la noción de ‘ciudadanía’?

C.F.L.: El problema del concepto de ‘multitud’ es que multitudes las hay a patadas y de lo más variado. Por ejemplo, la oposición venezolana, con sus caceroladas, sus bochinches, sus convocatorias por sms, sus redes heterogéneas... responden con bastante precisión al concepto político de ‘multitud’, y ahí es obvio que no cabe reconocer ni el proyecto político que defendemos los marxistas ni al agente capaz de llevarlo a cabo. Ahora bien, un concepto político que no sirve para definir ni el objetivo ni al agente capaz de defenderlo, es un concepto político que no sirve para nada. Y el caso es que el concepto de ‘multitud’, a nuestro modo de ver, tiene ese doble problema: para definir al agente de los cambios, es un mal negocio renunciar al concepto de ‘clase social’ y, desde luego, para definir el contenido de lo que queremos defender, es un negocio criminal prescindir del concepto de ‘ciudadanía’ y del proyecto político ilustrado que le corresponde. Creo que, si prescindimos del concepto de ‘clase social’, nos quedamos sin comprender casi nada y, si prescindimos del concepto de ‘ciudadanía’, nos quedamos sin nada que defender.


RESPUESTA FILOSÓFICA A LAS ACUSACIONES DE SECTARISMO

D.: Algunos medios han considerado vuestro libro sectario por sostener que el Estado de derecho es una ilusión bajo condiciones capitalistas de producción o por defender la revolución bolivariana de Chávez. ¿Por qué crees que los ideales de la Ilustración sólo pueden llevarse a cabo allí donde la ciudadanía está protegida del libre movimiento de los mercados?
C.F.L.: En el libro tratamos de razonar esa postura con bastante detenimiento y, desde luego, ninguno de los que nos han llamado sectarios se ha tomado la molestia de rebatir ni uno solo de los argumentos que defendemos. Se han limitado a insultar y a apelar a la presunta evidencia que identifica capitalismo con Estado de derecho y socialismo con totalitarismo. Sin embargo, lo que constituye un hecho incontrovertible (basta echar un vistazo a la historia del siglo XX) es que la compatibilidad entre democracia y capitalismo ha sido siempre ilusoria: bajo condiciones capitalistas, los parlamentos pueden hacerse la ilusión de que deciden, pero siempre que se les ocurre una iniciativa que perjudique a las grandes corporaciones es bloqueada por los representantes económicos (ya sean ministros nacionales o representantes del FMI o la OMC) o, si de todos modos se empeñan en llevarla a cabo, no ha habido ni un sólo caso en que un golpe de Estado militar no haya dado al traste con el ordenamiento constitucional completo. El caso de la revolución bolivariana, en la medida en que consiguió sobrevivir al correspondiente golpe de Estado en 2002, constituye una fascinante excepción a esta ley de hierro.

Link: http://www.diagonalperiodico.net/article4725.html

lunes, 15 de octubre de 2007

I.- ¿La Historia como problema o el problema de las editoriales?

¿Cómo aprende la gente?

Esta es la bóveda de clave en un contexto educativo comprometido. Es una cuestión vital que nos remite a la clásica polémica pedagógica, rastreada por la antroplogía educativa de los años cincuenta, con Spindler y compañía (ver, como prueba Antroplogía para Educadores, de H. Velasco y otros, en ed.Trotta), en la que se que concreta un dilema: ¿los conocimientos académicos se transmiten o se adquieren? En esta cuestión es en la que entronca el revisionismo educativo del profesor estadounidense Robert Bain. Como resultado de su pre-ocupación educativa, y sus treinta años de servicio, alcanza a vislumbrar la complejidad de la educación en las aulas, en especial, en las clases de Historia. Como señala, la alfabetización histórica, la complejidad de sus discurso-s, exposicion-es y comprension-es, distinguen entre el evento, el suceso, y el relato histórico, subbjetivo, ambos producidos por contextos propios. ¿Cómo estudia la gente historia?

José Antonio Serrano Oliver,Profesor de Geografía e Historia

viernes, 12 de octubre de 2007

El Nobel de la Paz y la nueva ideología del Imperio.


No sé si todos los pronósticos señalaban al señor Gore como vencedor del último premio Nobel. Los motivos son, según se lee en la prensa: “sus esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y poner las bases para las medidas para contrarrestar ese cambio”. Cuando el aparato mediático se pone a trabajar es capaz de lograr pasar por modélico lo que no es sino una muestra definitiva del nuevo imperialismo en el que vivimos sometidos. Éste, como todo Imperio a lo largo de la historia se define por el dominio del poder, mediático, militar, económico, político y social. En nuestras sociedad, como ya han estudiado los sociólogos y filósofos, ese poder se ejerce de formas no violentas, (aunque esto es relativo), sino de formas trasparentes, o líquidas, o eróticas, según se ha dicho. La conciencia ecológica es la nueva arma de la que se dispone para ejercer ese dominio, y Al Gore es el representante más puro de esta nueva actitud de sometimiento total que se viene practicando sobre la ciudadanía.


Me explico, el problema del cambio climático no es nuevo, sino que ha sido denunciado durante años por asociaciones ecologistas y grupos minoritarios que se oponían a las prácticas descontroladas de las empresas en lo que al cuidado del medio ambiente se refiere. Quizá el ejemplo más llamativo y mediático ha sido siempre Greenpeace, pero en realidad esa labor ha venido siendo realizada por todas aquellas agrupaciones civiles que de forma más silenciosa, y movidas por su afición a la naturaleza practicaban unos valores de respeto y cuidado hacia el medio ambiente.


El cambio que se ha operado en las altas instancias, tanto del tejido empresarial como de sus políticos, procede obviamente de la fuente principal de recursos: la Tierra. En un mundo globalizado, donde los recursos energéticos se van reduciendo, es más fácil percibir los efectos globales que tienen los daños sobre la naturaleza. Aunque la explotación técnica y sistemática del medio comienza con la primera industrialización, el capitalismo, en su lógica expansiva encontraba nuevos espacios en la periferia, como fuente de materia prima (no solo natural, sino por supuesto también una nueva fuerza de trabajo). El límite está marcado por la propia Tierra, y desde la caída del comunismo y la expansión del capitalismo a prácticamente toda la Humanidad (salvo algunos reductos anacrónicos y pintorescos), ese “cierre” se ha logrado, con las consecuencias naturales y sociales que esto tiene para todos los que habitan el planeta.


Si el medio ambiente es limitado, entonces tiene valor estratégico, y adquiere interés por parte de los grupos de poder. Así que surge la necesidad de legitimar el nuevo control de la naturaleza antes no computado; mediante un discurso levemente al margen de lo oficial como para aparentar ruptura, renovación o cambio, pero a la vez lo suficientemente cercano como para que no resulte demasiado contrario al establishment y no altere el status quo existente. Ése es Al Gore. Una verdad incómoda continúa siendo el reflejo de una sociedad basada en el consumo en cuya esencia (desde el carbón al coltán, y desde la masa proletaria inglesa a las fábricas en Bangladesh) se halla la explotación ligada a la globalización económica como eje que mueve -o “dinamiza”- la sociedad[1].


Siendo crítica de lo obvio pretende remover conciencias y hacer ver. Pero, ¿qué conciencias? La de los ciudadanos en primer lugar, para que adviertan el grave peligro en el que se hallan ellos y el futuro de sus hijos, amenazado por un ominoso cambio climático que en efecto puede resultar devastador. La de los poderosos en segundo lugar, para que, con el paternalismo habitual, tomen medidas para paliar en la medida de lo posible ese fenómeno, que si bien no lo revierta, al menos lo controle, y no resulte tan catastrófico. El argumento del miedo no es nuevo, sino una constante en nuestra sociedad (esto podría conducirnos a Michael Moore, pero, como decía M. Ende, “eso es otra historia”), además resulta muy efectivo, porque, quién no ha polucionado más de lo necesario alguna vez, quién no ha tirado una lata a la calle, o escupido un chicle, o arrojado una botella de cristal en el contenedor que no le corresponde, o dejado unas pilas en cualquier sitio, lejos de los puntos verdes. Como el cristianismo, esta nueva moral se ceba en la debilidad humana y en la culpa, y eso siempre da buen resultado. Porque es algo que nos afecta a todos, no hay que olvidarlo. Tanto las empresas como nosotros debemos actuar.


Esta es la conclusión que abre el nuevo mercado de lo ecológico. Como una Aufhebung hegeliana, la negatividad es un recurso que permite, que induce, que incluso obliga al consumo, entendido como liberación de los productos contaminantes, que tan dañinos y perniciosos han sido para todos; como renovación para una naturaleza agonizante que pide nuestra atención; y como expiación para una humanidad culpable que ahora toma conciencia de sus pecados. Cuando la ideología dominante es percibida por los ciudadanos como una necesidad irrenunciable, [es cuando] se consigue la mayor perfección en el control de las masas. Hay que desprenderse de lo antiguo, y comenzar a comprar coches ecológicos, que las propias empresas, conscientes de este nuevo mercado, se han afanado a producir y comercializar. Todos lo electrodomésticos son susceptibles de mejora, y todos sus propietarios han de ser conscientes de la necesidad de adquirir unos nuevos, más respetuosos con el medio, que permitan el “desarrollo sostenible”. Esta idea ha adquirido la condición de dogma quasi-religioso, al igual que los valores ecológicos, que se han globalizado. Esta dinámica se completa con viviendas unifamiliares en entornos naturales, el turismo rural, el fomento del Estado del reciclado y, por supuesto, con una nueva conciencia empresarial de responsabilidad social y ecológica.


Al Gore es, además, una figura perfecta: vencedor moral, aunque derrotado en unos comicios más que dudosos, resurge como figura ejemplar y moralizante, como un héroe que ha debido luchar contra las adversidades y la incomprensión para conseguir difundir su mensaje. Es el representante del cambio de actitud en los foros económicos y políticos, y gracias al nuevo evangelio (la “buena nueva”, recordemos), del cambio también de la sociedad en su conjunto. Auspiciado además por el gremio de impostores que tanta autoridad parecen poseer en Estados Unidos (y también en España, por alguna razón que se me escapa), ha conseguido publicitar y extender su documental por todo el globo. Leonardo di Caprio, un conocido intelectual, ha amparado su proyecto, ya que es un ecologista convencido y practicante, como todos los green fakers[2] que han conseguido colar a Al Gore entre la lista de Nobeles para su regocijo y su tranquilizada conciencia moral.


El nuevo discurso de Gore es un acicate para la reconversión de la que se benefician las empresas de electrodomésticos, construcción, motor, transporte, y un largo etcétera. La banca orienta sus inversiones sociales a proyectos de conservación con la esperanza de ganar nuevos y responsables clientes. Una verdad incómoda, por último, se puede encontrar, para quien no lo haya visto, junto al último número de National Geographic, como no podía ser de otro modo. Quisiera insitir en que esto no se debe a un maléfico complot de empresarios o asociaciones más o menos ocultas, sino que es consecuencia de la propia lógica capitalista en la que nos hallamos. Pensar otra cosa a este respecto es como buscar fantasmas o personalizar los males, por ello el Señor Gore no deja de ser un mero signo, y su interés se reduce meramente a su valor representativo, más que a algún tipo de maledicencia personal.


Pese a no considerarme postmoderno, hay una obra de Baudrillard que puede ser referente se nuestra actual situación, El Crimen Perfecto: el discurso ecológico ha eliminado la realidad natural misma. La triste consecuencia es que la Naturaleza misma ha desaparecido como tal, extinguida por la sociedad, y sólo deja su sombra o trasunto, en las palabras de estos representantes de nuestra nada cotidiana. No debe extrañarlos, ya que aquí en España ya fue Príncipe de Asturias, (parece que buscamos ir siempre por delante). En conclusión, a pesar de los innumerables conflictos bélicos que desangran a la humanidad, y la alejan de sus ideales, como profecía social autocumplida, en Suecia han decidido darle el Oscar de la Paz a Al Gore por su Obra. Sin duda aquel inventor de la dinamita estará asintiendo apaciblemente en su tumba: “se lo merece, admirémosle”.

A.M.S., Agradezco los sagaces comentarios de J.A.S.O.

Algunos links interesantes:


http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Gore/Grupo/Intergubernamental/Cambio/Climatico/Premio/Nobel/Paz/elpepusoc/20071012elpepusoc_1/Tes


http://www.rebelion.org/africa/030618delicado.htm


http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276311252.html


http://www.labolsa.com/cronica/15314/


http://radaronline.com/features/2007/08/barbara_streisand_al_gore_hypocrisy_leonardo_dicaprio_1.php






[1] Que esa explotación adquiera un carácter voluntario por parte de los agentes que gusten del consumo y de sus hogares hipotecados es otro tema. El consumo es atractivo por definición, al igual que el dinero. Por eso no tiene sentido echar la culpa a las personas como responsables, la propia objetividad del tejido social se encarga de diseñar la moral del consumo


[2] “Falsos verdes” denominación de J. Bercovici para toda la caterva de Hollywood y alrededores que se dice ecologista desde el cómodo sillón de sus jetts privados. Esto es lógico, dado que el éxito está en EE.UU. indisociablemente ligado a su legitimidad. La riqueza es obtenida por las celebridades porque la merecen, y se espera del resto de mortales que admiren esa superioridad y les rindan tributo desde las salas de cine.

domingo, 7 de octubre de 2007

"Ciudadanía. Una breve historia." de Derek Heater.


Se trata de un interesante análisis histórico del concepto de ciudadanía. Antes de realizar la obligada recensión, vamos a citar un breve párrafo de Pufendorf que aparece en su página 117:

Quienes tienen el deber de educar a los ciudadanos en el conocimiento no deben enseñar nada falso o pernicioso; por el contrario, deben enseñar la verdad para que sus oyentes la admitan, no por costumbre de escuchar, sino porque han comprendido las sólidas razones de ella; deben huir de toda doctrina dirigida a ella, deben considerar vacio todo conocimiento humano del que no redunde ninguna utilidad para la vida humana y civil (Pufendorf, De los Deberes del hombre y del Ciudadano, Madrid, CEPC, 2002, p. 161).

Considerando la polémica que hay al respecto, las palabras de la historia pueden resultar de ayuda para una mejor comprensión de la misma, así como para captar la historicidad misma de la polémica.

viernes, 5 de octubre de 2007

La cara B de la ciudadanía.


He aquí un jugoso fragmento del libro de Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, Educación para la Ciudadanía, Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho, de la editorial Akal:


«En realidad, lo único verdaderamente constatable en las autodenominadas Democracias Parlamentarias es que en lugar de un marco legal para que la ley corrija a la ley lo que tenemos es una ausencia de ley que se llama a sí misma ley. De ahí que podamos decir que a la tradición comunista le sobraba razón en lo esencial: era verdad y sigue siendo verdad que lo que tenemos es una dictadura del capital y no una democracia. Y por lo tanto, que lo que tenemos no son leyes, ni siquiera malas leyes o las peores leyes del mundo, sino la ausencia de ley. Y no son leyes precisamente porque lo que no existe es un marco legal para corregir legalmente las malas leyes.» [2007: 177-178]



En realidad lo que ha hecho famosa esta obra es una breve referencia a propósito del racismo contemporáneo a una serie de periodistas y filósofos:


«Desde que Oriana Fallaci, tras el 11-S, dio el pistoletazo de salida para dejar de morderse la lengua y ser racista sin remordimientos, la filosofía de los halcones del Pentágono ha ido siendo cada vez más aplaudida por personajes como -por citar casos españoles- César Vidal, Jiménez Losantos o Gabrierl Albiac, quienes, por ejemplo, han «argumentado» contra el presidente venezolano Hugo Chávez llamándole «negro», «gorila» y «chimpancé», y contra el presidente boliviano Evo Morales llamándole «caracastaña».» [2007: 224]



Las críticas van mucho más allá que a estos individuos, afecta a los medios de comunicación en general, a la clase política y por supuesto a los mecanismos del capitalismo global.



Las repercusiones de estos comentarios han sido múltiples:


En Rebelión dicen: «A principios del siglo XXI, en la España 'democrática', un partido 'socialista' está a punto de aprobar una asignatura que en el precarizada educación pública pretende 'concienciar', 'animar' a los futuros ciudadanos a la 'participación democrática', en un contexto nacional e internacional cada vez más degradado por la voracidad capitalista. Este ensayo es un tremendo contraataque a tamaña farsa.» http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51571


En Libertad digital: «Los profesores que tengan que impartir Educación para la Ciudadanía con la vuelta al cole tendrán luz verde para enseñar que Jiménez Losantos es un "racista militante", que "los verdugos" prepararon "la transición" para votar a los que "Franco había dejado vivos" o que las chicas deben perder "la virginidad" antes del matrimonio para evitar "tradiciones machistas"


http://www.libertaddigital.com/index.php?action=desanoti&cpn=1276311431


Estas y otras críticas en otros medios llevaron a los autores a publicar una aclaración en elplural.com:


http://www.elplural.com/politica/detail.php?id=13912


Mientras, los autores recordaron que ese libro no era de texto sino un ensayo. Otros ante las dudas tal vez, o haciendo alarde de imparcialidad, simplemente publicaron extractos, como ADN:


http://www.adn.es/ciudadanos/20070713/NWS-2225-Ciudadania-Educacion-Akal.html


Otros medios se hicieron eco, como HazteOir:


http://www.hazteoir.org/modules.php?name=Noticias&file=article&sid=5561


O Redes Cristianas, éste último recogiendo la noticia de elplural.com:


http://www.redescristianas.net/2007/09/08/los-autores-de-educacion-para-la-ciudadania-cargan-contra-los-medios-de-la-derecha-jose-maria-garrido/


En fin, que el libro dio que hablar, cada medio su público respondió de una manera y todo sigue igual. Como tanto Albiac como Liria (Carlos) fueron profesores míos debo decir que yo nunca escuché un comentario racista del primero, aunque no escucho la radio habitualmente por cuestiones de salud. Del segundo he de decir que fue uno de los mejores profesores de la carrera y que no dice nada que no haya tratado en sus clases. Su argumentación, más allá de la superficial polémica, exige una responsable reflexión, y me parece un modelo de crítica a las versiones más dulcificadas y utópicas de la EpC.

martes, 2 de octubre de 2007

Artículo de Rebelión: ¿Adoctrinar a la ciudadanía?, de Javier Alcolea Rodríguez


Se trata de un interesante artículo, aunque desigual, dado que consta de dos partes bien diferenciadas: la primera de crítica a la EpC desde una postura marxista, y la segunda a la iglesia católica, y más en concreto a su participación en la educación. Voy a centrarme solo en el primer aspecto. El autor considera que los valores democráticos no son propios de la Unión Europea, dado que esta fomenta las desigualdades, y que una mera exposición de tales valores elimina la posibilidad de una reflexión crítica y de una potencial transformación social.


Un meritorio fragmento:


"[...] entendemos que no corresponde al Estado inculcar valores a sus ciudadanos, lo cual equivaldría a adoctrinar, sino, a través de la enseñanza pública, instruirlos, es decir, dotarlos de conocimientos sustantivos. Sólo a través de los contenidos del conocimiento puede surgir el espíritu crítico; dotar a un alumno de dichos conocimientos objetivos es facilitarle herramientas críticas con el presente; sólo a través de la instrucción se generarán ciudadanos autónomos y críticos. Toda educación en valores es, pues, necesariamente adoctrinadora, dado que no sirve para reflexionar acerca de tales o cuales valores, sino simplemente para inculcarlos."


Quisiera solo indicar en qué sentido me parece defendible la EpC, utilizando la misma concreción de este autor:


  1. La EpC no puede consistir en educar en valores, dado que tales cosas no existen en algún (o ningún) sentido ontológico.

  2. La EpC si pretende ser crítica, reflexiva, sistemática y radical, consiste en, -es decir, es en sí misma-, Filosofía. Nótese que esto no es trivial, porque hasta ahora solo había en el sistema educativo una primera aproximación a esta materia en 4ºde ESO. Con la reforma se podría introducir desde antes, lo cual no es en sí un despropósito, y por no citar a Ernst Tugendhat, mencionaré los proyectos de Filosofía para Niños, con representación en España (por ejempl0 aquí: http://www.fpncomval.org/). La extensión de la Filosofía a otros niveles, constituye un intento aún no extendido, pero real.

  3. Si la UE pretende ser algo más allá de lo que J. Alcolea Rodríguez describe, y con lo que estoy de acuerdo, solo puede recurrir a los "principios" propios de la Ilustración. Conseguir tal cosa no depende en modo alguno de una clase política intrínseca y necesariamente corrupta, sino de iniciativas ciudadanas que asuman con resposabilidad y sentido su labor crítica (como sucedió con los movimientos contra la Constitución Europea en Francia). En ese sentido creo que la EpC tiene sentido.

  4. Por último, la distinción entre instrucción y educación, entre lo público y lo privado me parece un despropósito. No veo tal oposición entre instrucción y educación, pese a que obviamente en el sistema educativo debe primar lo primero para alcanzar lo segundo. Reivindicar la Instrucción está muy bien, como hace Rodríguez Adrados en sus ártículos sobre educación, acaso recordando otras épocas en las que había ministerios con otros simpáticos nombres. De todos modos, parece que la paternidad ya otorga en sí una metacondición para la enseñanza, como si el intercambio de fluidos proporcionase una extraña cualificación pedagógica. (Y vale recordar lo que el Estado pide a las parejas que desean adoptar: que tengan capacidad para educar, lo que contradice de facto la división antedicha). No puedo terminar sin proponer a los estudiantes de pedagogía, magisterio, psicología o psicopedagogía la práctica de tal método de aprendizaje, o tal vez no sea del todo necesario, ¿verdad?

El línk del artículo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57077